LA IMPORTANCIA DE LIL’ KIM A 25 AÑOS DEL LANZAMIENTO DE “HARD CORE”

LA IMPORTANCIA DE LIL’ KIM A 25 AÑOS DEL LANZAMIENTO DE “HARD CORE”

Se cumplen 25 años del lanzamiento de “Hard Core”, el primer disco de la rapera estadounidense Lil’ Kim. No sólo es uno de los mejores trabajos de su carrera, sino que además fue un punto de inflexión en el rap donde ya no hubo retorno. La Big Momma pavimentó un camino por el cual hoy caminan la mayoría de las raperas que vemos en el mainstream. Es tiempo de enmarcar este trabajo desde su importancia y ver qué es lo que gravitó a su alrededor en ese momento.

Por: Franca Hernandez (@FranHernandezN)

Kimberly Denise Jones se abrió paso en el mundo del Hip-Hop sin saber que con tan sólo una estrofa podía cambiar todo el juego. Artista desde pequeña, diva por naturaleza, dulce de alma y fuerte por los golpes que le dio la vida. Esta rapera -que adoptó el a.k.a Lil’ Kim- lanzó sus primeras barras junto a su compañero de ruta: The Notorious B.I.G. Fue el primero en ver su talento como emcee, quien la potenció en sus primeras letras y quien le ofreció un lugar en Junior M.A.F.I.A. Pero su personalidad no era compatible con estar solamente a la par de un grupo, era solista. Siempre lo fue. Por eso en 1996 decide sacar su primer disco.

Aquel año tuvo su magia en términos de rap y discos, sólo por nombrar un par de álbumes, salieron trabajos como: All Eyez On Me de Tupac Shakur; The Score de The Fugees; Beats, Rhymes and Life de A Tribe Called Quest; It Was Written de Nas; ATLiens de Outkast y Kollage de Bahamadia. Ese sería el año de Lil’ Kim, o fin de año, ya que es cuando saca ese famoso trabajo que cambia todo el juego. El 12 de noviembre de 1996 sale a la luz Hard Core.

Kim tomó todas las influencias que había a su alrededor, desde Janet Jackson, Donna Summer y Madonna, hasta Biggie o Big Daddy Kane; y las llevó a lugares que, hasta ese momento, no habían sido explorados del todo. Es un trabajo conceptual, escenificado, que hace de la intimidad un lugar común y, a su vez, expone a los hombres en su vulnerabilidad tan poco aceptada y a las mujeres en sus charlas informales sobre con quién les gustaría acostarse (o no) y por qué.


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Bien dijo la rapera Mc Lyte durante el documental My Mic Sounds Nice: The Truth About Women And Hip Hop que Kim decía cosas que ni hombres ni mujeres estaban listos para escuchar. Esto podía ser porque lo ella rapeaba se consideraba obsceno o porque exponía a muchas personas dado que la introducción del disco y los interludios son esas charlas íntimas. Mismo, porque la intro en sí mezcla palabras de calentura pre sexo, el encuentro mismo y los gemidos.

Al discurso abiertamente sexual, se sumaban sus vivencias como dealer durante su adolescencia. Kim fue echada de su casa a los 15 años y pasó mucho tiempo viviendo en las calles. “Todo lo que digo es sobre lo que sé y los lugares donde estuve”, explicaba Kim en una entrevista de UnReal (1996); donde además subrayó: “Mis letras son explícitas porque así es como captas la atención de las personas de calle que son como vos. Sólo estoy contando una historia y quiero que aquellos que no son de las calles sepan de dónde vengo”.

Por eso, si bien tenía gente que la apoyaba, su recibimiento no fue grato. Cabe recordar que esas canciones se daban en el seno de una comunidad que es profundamente religiosa, por lo cual el disco hacía más ruido por lo que transmitía, que por las posibilidades de volumen que permitía el estéreo. Si uno busca las notas que salieron en ese momento, los comentarios que se hacían en las radios y las charlas que daban los y las emcees en las escuelas, la descripción más transversal era que Kim representaba la “desviación” del rap, que era un “mal ejemplo” para las mujeres y niñas, y que ella no se respetaba a sí misma.

Y no se puede dejar pasar un jugador importantísimo durante este periodo, que también hizo al estigma que cargaba Kim y gran parte de la comunidad Hip-Hop (hasta el día de hoy): la televisión. Teniendo en cuenta el fervor con que en Estados Unidos se defiende la primera enmienda que protege la libertad de expresión, uno no puede censurar canciones. Por lo cual, desde los medios, se intenta deslegitimar al artista para que eso tenga impacto en el consumo de su música. Esto hizo que la mayoría de las apariciones en TV se basaran más en Kim defendiendo sus trabajos, que alguien intentando conocer a la artista.

Las entrevistas en televisión que se le hacían a Kim eran una forma de juicio público (o castigo público, incluso); donde los presentadores -desde la mirada de la familia y los valores tradicionales- buscaban que la rapera se sintiera culpable de hacer sus canciones. Un ejemplo (muy amarillista) de esto fue durante un episodio del programa de Rolonda Watts que se tituló: ¿Lil’ Kim sexualiza a nuestros niños?; al cual Kim asistió con su madre, Ruby Mae Jones, y dónde Watts buscó a diestra y siniestra que Ruby dijera en algún momento que ella sentía vergüenza por su hija. Por suerte, al no ser verdad, no lo consiguieron.

Lo que Lil’ Kim representó desde el rap en ese momento -y lo sostiene hoy en día- fue la nueva concepción sobre el goce y el deseo, la cara de una actitud que no es fácil de sostener, puso por delante la independencia y la autonomía sobre todos, sin dejar por el camino su lado más tradicionalista, ni su trato dulce con los otros. El discurso pasó de ser “quiero que hagamos esto” (un nosotros) o del “quiero hacerte esto” (complaciente al otro), a un “yo quiero esto, de esta manera, esta cantidad de veces y no de otra forma. Si no te gusta te podés ir por esa puerta porque el cuarto lo alquilé yo” (democratizar el goce). Y si uno se lo pone a pensar, ese tablero se da vuelta con tan sólo la primera estrofa de la primera canción: “Big Momma Thang”.

Esto es algo que ella recién pudo entender a mediados del 2000, luego del lanzamiento de su disco “The Notorious K.I.M”. Un álbum que sacó desde la discográfica Atlantic Records y desde su propio sello Queen Bee Entertainment. Ya habían pasado cuatro años desde el asesinato de Biggie, y hasta ese entonces fueron años muy duros y depresivos para ella. Obviamente, este trabajo fue dedicado a quien fue su compañero durante tantos años, mismo la rapera explicó en reiteradas ocasiones que ella sintió su presencia durante todo el proceso de producción.

Acá se suman otros aspectos de su personalidad. Si en discos anteriores demostró una actitud ruda y frontal, en éste se suma la versatilidad y la creatividad, con mucho poder y una pizca de sensibilidad. Además de dejar bien en claro la impronta inquebrantable de la Junior M.A.F.I.A., nunca se paró sobre rasgos estereotipadamente antagónicos, los juntó y se mostró tan transparente como le sea posible, dando a entender que puede ser la perra más perra de todas -como en “Queen Bitch”- y también poner su vulnerabilidad encima de la mesa -véase la canción “Hold On”- sin volverse débil. Todo su impactó fue acompañado de su estilo, sus outfits, su manera de rapear, su forma de ser durísima en el escenario y una dulzura en cuanto terminaba la pista.

En el programa One World Music Beat (2000) la rapera habló sobre el giro abrupto que produjo su primer disco y en ese momento expresó: “No puedo creerlo. Le agradezco a Dios que ahora estoy empezando a recibir un poco más de amor, porque recuerdo que tiempo atrás cuando aparecí por primera vez (en la escena de la música) me sentía triste pensando que lo que hacía estaba mal. Incluso aunque no me arrepintiera de hacer lo que hacía porque amo mi música”. Ya para ese entonces, si bien persistía la crítica, ya no era tan punitivista como antes.

Pasaron 25 años del lanzamiento de Hard Core y hoy en día está más vigente que nunca. La puerta que abrió definitivamente ese 12 de noviembre fue lo que posibilitó el principio del consenso para que las raperas pudieran llevar a cabo ese tipo canciones. No hubo ni un paso atrás. La manera en la que ella tuvo que sentarse a dar explicaciones para defender su trabajo fue ejemplo para todas las que vinieron detrás. Y también para que ese tipo de cuestionarios cesaran por un tiempo.  Su talento en la forma de rapear y componer es algo innegable, pero hay que hacer foco en lo que significó la patada de ese trabajo para tener en claro cuál es el espacio que ocupa Kimberly Denise Jones en la historia del Hip-Hop.

 

 

 

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