OPINIÓN: ¿ESCUCHAR UNA RIMA ES ESCUCHAR UN NÚMERO?

OPINIÓN: ¿ESCUCHAR UNA RIMA ES ESCUCHAR UN NÚMERO?

La puntuación en formato en FMS está moldeada con el objetivo de generar un terreno de profesionalización que sea progresivamente mayor en las batallas de freestyle. Ha despertado más de un debate sobre diferentes aspectos de sus pautas, el rol de los jurados y las virtudes y defectos de la “hojita.” Nos proponemos desentrañar un poco este sistema de votación y su influencia para su mayor claridad.

Por: Flor Viva (@florviva)

Al leer el reglamento redactado por la Freestyle Rap Federation hay algo que se alza como evidente: sus intenciones. Está generado por y para competencias que se dan enmarcadas en cierto formato y con pautas compartidas. La idea es, según este manual, que todas las organizaciones que están asociadas a la FRF compartan una cantidad de valoraciones para fomentar la transparencia y la neutralidad. Lo que plantea es una serie de reglas para las organizaciones y una guía para los jurados, no a la inversa.

Ahora bien, si elegimos hacer foco en la puntuación: ¿es la homogeneización de criterios lo que mayor importancia tiene al momento de profesionalizar el freestyle? Es una parte, eso seguro, pero ni es la totalidad, ni es esta la única manera de potenciarlos. La continua formación y el intercambio entre los jurados es un paso más que importante si de progreso hablamos, por ejemplo, así como la afinación de cuáles son los rounds que se llevan a cabo (temáticas, consignas, personajes, etc.) y de qué manera. E incluso, una pregunta latente: ¿es necesaria la homogeneización de las competiciones para la profesionalización o hay una manera de disfrutar de la variedad cambiante y la riqueza de los diferentes torneos y que siga siendo profesional?  Hay muchos niveles de análisis en los que este interrogante es válido.

En cuanto a la puntuación el formato de FMS, exige que los jurados vuelquen sus criterios y valoraciones en una plantilla que puede llegar a ayudarlos o a limitarlos, además de que hagan respetar la modalidad propuesta por la organización. Repasando el reglamento y su guía para la puntuación, uno puede ver que la votación, aunque valora su interrelación, no solo está pensada para votar patrón por patrón, incluso en minutos libres, sino que da por sentado que el punchline está en la cuarta barra del patrón.

Esto no quiere decir que los jurados no puedan valorar un punch en otra barra, evidencia primera de que a pesar de que algunos no acordemos del todo con el formato de puntuación, las decisiones dependen de cada jurado. Esto es claro: la plantilla puede limitar, pero no decidir.  Lo mismo sucede con la penalización: la guía habla de que se debe “penalizar” -dejando a criterio de cada jurado con qué intensidad y de qué manera- cuestiones como hablar al micrófono en el turno del oponente o no seguir la instrumental, sin distinción ante la “penalización” por una trabada simple. Sin embargo, al hablar de rimas recicladas o copiadas no se habla de penalización sino de “valorar menos.” Asimismo, sucede que en el manual aclara que una de las cosas más valoradas es la respuesta inmediata. Más incluso, en casos específicos, que las skills; y con esto también, por lo que hemos podido ver, los jurados han diferido.

También, genera dificultades el hecho de que la escala numérica en la que se vota sea para cada patrón de 0 a 4, sumado a las casillas extras de skills, flow y puesta en escena que van solamente de 0 a 2. Eso hace que nos queden quizás con el mismo puntaje patrones que, sean de la misma batalla o no, al compararlos son evidentemente distintos en cumplimentar los criterios por los que se rige la FMS. El mismo reglamento recomienda votar comparativamente en los 4×4, es decir bajar o subir el puntaje de un patrón para que sea proporcional al del oponente.

Esto nos hace entonces pensar en momentos del freestyle en las ligas que cumplen con este reglamento que de alguna manera no caben en ciertas categorizaciones propuestas por este formato de votación. Un ejemplo podría ser el primer minuto libre de Dani en su batalla versus Cacha en la FMS Argentina 2018: ¿cómo se valora un patrón que ya tiene los elementos que la FRF considera necesarios para un 4 cuando además tiene un excelente manejo de flow y un imponente valor argumentativo durante todo el minuto? ¿Es la solución resignarnos a que un patrón inferior pueda tener el mismo 4? Similar situación nos sucede con el primer minuto libre de Aczino contra MKS en la FMS Internacional en Valencia 2019: ¿está bien ignorar el hecho de que hay patrones que rebalsan de ingenio, respuesta y flow a tal punto que nos queden chicas ciertas categorías que utilizamos?

Estas discusiones seguirán dando de qué hablar, generando incógnitas que una disciplina atravesando un crecimiento tan exponencial en los últimos tiempos se encargará de resolver, o en su defecto de posicionarnos a todos los que seguimos el freestyle competitivo. Sin embargo, sí está clara una importante cuestión: intentar aplicar este formato de votación a un formato distinto de competencia es errado. Escuchar una rima y procesarla como un número es perderse de mucho y puede llevar a valoraciones que en determinados contextos son tremendamente desatinadas. Este formato no es universal ni el definitivo, sino más bien una elección de una organización que se esfuerza en buscar la profesionalización con su propia perspectiva, lo cual no implica que todos debamos compartirla. Y es un debate absolutamente lógico y válido, al que hay que ocuparse de aportar y no de restar.

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