CÓMO FUE EL DEBATE EN #KOTD ENTRE ÍCONOS DEL BATTLE RAP MUNDIAL

CÓMO FUE EL DEBATE EN #KOTD ENTRE ÍCONOS DEL BATTLE RAP MUNDIAL

El canal de Twitch de la liga King of the Dot reunió a competidores y referentes de la organización, la producción y el análisis de batallas de rap en un profundo debate sobre identidad, cultura y el futuro de las competencias.

Por Flor Viva (@florviva)

La liga King of the Dot, que ya lleva 12 años siendo una de las más importantes, logró reunir en una misma transmisión a una lista de invitados de alrededor del planeta para discutir elementos fundacionales de la cultura battle rap así como también el futuro que tendrán las competencias. El panel de invitados, moderado por Dr. Jamie Parker, contaba con Aczino, Juan Ortelli, Eptos Uno y Trafikante como representantes de Latinoamérica, y con referentes de otros puntos del planeta como Alemania, Inglaterra, Estados Unidos y Canadá, incluyendo a íconos de muchísimo peso en la escena internacional como ARP, Shotty Horroh, Pass, Bruce ‘Oops’ Franks Jr. y Organik.

Su diversidad encontró fácilmente unión en varios aspectos: al hablar de lo que para cada panelista eran las batallas de rap (tanto escritas como improvisadas) las definiciones se repetían y había cierta unidad en la evaluación de ciertas cuestiones como el hecho de que configuran una plataforma donde expresar identidad, un espacio que permite dejar un mensaje personal y/o colectivo, donde la agresividad es quizás una herramienta para transmitir, dejar una huella. 

Desde este punto de partida se abordó el interesantísimo tema de la responsabilidad sobre lo que se dice arriba de un escenario, particularmente encarando dos visiones: el peso que se le asignan a las palabras que el rival lance por sobre un competidor y el poder de empoderar a tanta gente que subyace en esta forma de entretenimiento, pero también —y muy claramente— la manera en la que las palabras conllevan una relevancia que es crucial tener en cuenta y que aunque con ellas juguemos y hagamos arte, debemos tener en cuenta su impacto y saber utilizarlas seriamente como vehículo de nuestros mensajes: “Las palabras tienen poder, pueden derrumbar naciones.”

 

 

Esta discusión abrió también una puerta a una pregunta que recorre el mundo del freestyle y de las batallas escritas permanentemente, manifestándose a partir de diferentes perfiles: ¿Es la prioridad de todos los competidores ganar o transmitir un mensaje auténtico? Se generó una equilibrada respuesta a esta dicotomía a partir de sus largos años de presencia como competidores y cumpliendo también otros roles en el ambiente. Esta respuesta tiene que ver directamente con esa tensión que tanto atrae al público de las batallas. Una tensión que, sin lugar a dudas, vivida desde el lugar de los MCs implica el querer superar al rival, derrotarlo, pero siempre midiéndolo y consecuentemente aprendiendo de él de alguna manera. La combinación entre la idea concreta de vencerlo combinada con mostrarle a la audiencia y a todos la mejor versión de uno mismo, que necesariamente tiene una fuerte conexión con mostrarse auténtico, a partir de la identidad de cada competidor y representando los valores que sostiene. Aczino aportó allí la importante visión de que en esa huella que cada quien busca dejar en cada batalla es de vital importancia demostrar su esencia propia, sus raíces y tener la capacidad de dejar ese mensaje.

Al hablar del futuro de las batallas florecieron algunos de los debates más interesantes de este foro. Todos resaltaron la importancia de este tipo de espacios donde personas de distintos lugares intercambian experiencias y aprenden sobre la cultura de batallas y cómo se diferencian en distintas partes del mundo, como por ejemplo aclaraban Aczino y Juan Ortelli en cuanto al protagonismo del freestyle en Latinoamérica y España en contraste con el resto de los países que formaron parte de la charla, donde las escritas son preponderantes.

También se transitó la necesaria discusión sobre la influencia de las grandes empresas en el mundo batallero. Se consensuó casi unánimemente que el desafío más grande de todos los proyectos de battle rap tiene que ver con generar cierta independencia de las grandes marcas, y también que esto solo puede lograrse a partir de la persistencia y la perseverancia, haciendo lo posible como productores y organizadores (y por qué no, como audiencia) para surfear los malos momentos y las pérdidas. El rol de los organizadores, algo que en Latinoamérica está discutiendose con seriedad hace poquísimo tiempo, es un rol absolutamente subestimado si no estamos hablando de grandes emprendimientos con banca de empresas importantes.

El reto principal es generar una fuerza y potencia económica autónoma como industria que permita recibir patrocinadores, por supuesto, pero sin que implique que éstos puedan tener mano por sobre el control de la identidad de las competencias. Esto se resaltó como clave: la creación del grupo con las personas correctas, que comprendan y sean parte de la cultura, es lo que va a generar que los equipos de trabajo no se sometan a límites comerciales impuestos y respeten el rap, las batallas y todo lo que las rodea. Se mencionó también algo importante y a veces tabú en ciertos círculos: el packaging. “Si nosotros no pensamos en cómo mostrarlo hacia el resto del mundo, alguien más lo va a hacer y después nos querrán dar las migas.”

 

 

La relevancia de que los mismos partícipes y protagonistas de la cultura de battle rap tomen las riendas y la responsabilidad por sobre el hecho de que para seguir creciendo podemos hacer que la cultura misma evolucione en cuanto a lo importante, el contenido, el respeto y los valores, y que eso no elimina la chance que existe de poder mostrar a las batallas escritas o de freestyle como lo que son: una disciplina que combina competición con arte y que no tiene por qué ser un producto expulsivo o solo apreciado por nichos reducidos. 

Como factor fundamental para lograr estos objetivos se conversó sobre la importancia de la interrelación, la comunicación y la unidad en la diversidad entre diferentes competidores, analistas, ligas y productoras alrededor del planeta. El apoyo colectivo a proyectos, por más lejos que se encuentren, es lo que va a potenciar el trabajo particular de cada área y lo que va a generar otra perspectiva sobre la disciplina. Es lo que va a llevar a las distintas formas de battle rap a ser comprendidas por más personas. Para ello, resaltaba ARP, “hay que poner nuestra casa en orden primero”: probar de lo que somos capaces, exigirnos ser mejores a nosotros mismos, no elegir el camino más fácil sino el que respeta los valores que predicamos y que nos va a permitir avanzar con fuerza.

Juan Ortelli hacía mención en este sentido al necesario avance de los circuitos de batallas para dejar de ser considerados una plataforma de despegue para artistas luego consagrados y comenzar a ser valorados como semillero de talentos, algo que mostró que varios más en el panel veían este fenómeno en sus países y que tenía que ver con el ancla que significa en el mercado discográfico la estigmatización existente por sobre las batallas. Esto impide que artistas consagrados regresen y defiendan la cultura que los vio crecer y que hay que desterrar: los mismos protagonistas son quienes deben definir, hacer crecer y sostener la verdadera identidad de las batallas, que sin duda nacieron como una arista del hip hop a pesar de que hoy no todos lo vean de esa manera.

 

 

En consonancia con esto, el británico Shotty Horroh habló del extraño lugar en el que se coloca a las batallas de rap al día de hoy, entre música y deporte, y cómo esto es un factor para que no se aprecie de la mejor manera el liricismo y lo estético que atraviesa la disciplina. Hizo mención a cómo la manera de evaluar diferentes deportes, competencias o formas artísticas va mutando a través de los años, algo que es crucial para comprender por qué hoy las batallas tienen en impacto que tienen a comparación de otras épocas pero que sucede con muchas otras disciplinas que nada tienen que ver, como por ejemplo las ligas de artes marciales mixtas o el ‘bare-knuckle boxing’ (boxeo sin guantes). A esto aportaba también ARP mencionando como esta visión de que las batallas son “una forma inferior del hip hop” se contrapone con el hecho de que es una disciplina respetada pero aún así valorada de maneras diferentes, cuando en realidad puede brindar contenido de calidad y visibilizar a artistas increíbles sin necesitar producciones monumentales. A su vez, en la mísma línea, Organik mencionaba la ventaja estratégica que daría generar un balance entre crear eventos atractivos para más personas pero sin dejar de respetar la identidad del battle rap que esta fuertemente arraigada en la cultura hip hop.

Estos fueron algunos de los ejes de este debate de dos horas entre tantas figuras icónicas del ambiente del rap competitivo, cada uno aportando perspectivas desde sus espacios y desde sus países que en algunos momentos se contrapusieron pero que en todos los casos apuntaban a lo mismo: el crecimiento real de la cultura de batallas. Quizás las personas que trabajan día a día en el ámbito no notan lo influyentes que pueden ser, o el hecho de que están creando emprendimientos que son parte de una industria artística que puede seguir creciendo para la dirección que le asignen las partes que forman ese todo. Plataformas inspiradoras como estas, de diálogo internacional, pueden ser replicadas de acá en adelante de muchísimas maneras, incluso alimentando la importancia de estas discusiones al interior del mundo hispano y de diferentes países en particular. 

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