YO DIGO: LA LECCIÓN DE HISTORIA DE RED BULL

YO DIGO: LA LECCIÓN DE HISTORIA DE RED BULL

Me reí mucho. Es la pura verdad. He de admitirlo. El estar esperando sentado durante algo más de una hora a que el contador del streaming llegase a cero y que, de pronto, sin aparente razón alguna, saltara a darme la bienvenida una especie de Misionero más cercano a compañero de aventuras de Sherlock Holmes que al magnífico speaker que siempre demuestra ser, no me permitió reaccionar de otra forma. Supuse que era algún tipo de gag que yo, extranjero en sus tierras, no comprendía, aunque me impactara de igual manera.

No tardó en arrancar con la lista de nombres: Frescolate, CNO, CBOS, Obie… La pieza musical escogida se aceleraba, el escenario a sus espaldas comenzaba a tomar otro color y forma, la pajarita desaparecía del cuello de su camisa… El parón. La arrasadora vuelta. La nueva era del freestyle y de Red Bull: Tata, Dtoke, Sony, Papo

También he de confesar que, tras ello, me sentí estúpido. No tardé en ruborizarme al ver que lo que era la causa de mi inocente y amplia sonrisa estaba siendo una lección de historia con todas las de la ley. Ni guerras, ni tratos, ni conquistas… era la historia del freestyle de toda una nación, parte fundamental de su conjunto podríamos decir, dada la importancia que en tierras argentinas esta disciplina que nos apasiona puede llegar a recibir. Nuestro amigo Misio, que tanta labia derrocha siempre en los escenarios, volvía a dejarme prendido incluso antes de comenzar. No me supuso un gran esfuerzo el echar todo a un lado para prestar atención a su conocimiento.

Como si del desenlace de una película se tratara, conseguí descubrir la intrincada trama que el (a veces) malvado villano Red Bull y los secuaces que llevan sus planes a cabo habían elaborado; logré encajar las piezas. Se venía diciendo desde hacía días (semanas, si contamos con las especulaciones) tanto por redes como por bocas menos discretas, que este año, este 2017, era el año de hacer historia. Salieron los nombres, busqué datos sobre el Luna Park y me informé de la reciente alianza de la titánide del toro rojo con los chicos de la escalera. Había un enorme nivel, sí, pero no veía el por qué de tanta expectación sobre una nacional que se celebró el año pasado, y que volvería a repetirse el siguiente de igual forma. Era un ignorante con todas las letras, por mucho que me excusara la barrera cultural que nos impone la geografía. Lo confieso, pero que Misionero estuviera allí, en directo para cientos de miles de personas, narrando los grandes logros de los gallos argentinos, me es suficiente coartada: pocos sabíamos lo que se nos avecinaba, ellos solo trataban de advertirnos, preparar nuestros asientos.

Puede que me merezca cualquier severo castigo al no apreciar la inmensa tarea que cargaba sobre sí mismo, como un Atlas con gorra plana y Blaster, el Luna Park aquel viernes; pero no seré el único en caer en el hoyo. Entender las circunstancias de un país siempre es algo complejo, por mucho que se comparta el idioma, recursos económicos o el sistema político. Siempre hay divergencias. Por eso muchos debemos dar gracias a la intervención de personajes como el speaker dispuestos a ilustrarnos, a educarnos. Gracias al contagioso espíritu de sus pisotones sobre la tarima, y los gritos, perfecto canto coral, de los casi diez mil asistentes al evento, llegué a comprender lo que se nos quería transmitir aquella misma tarde. Todo adquirió otro matiz.

Volviendo a la incómoda parte de asumir culpas, cabe aclarar que si bien muchos no sabíamos a lo que nos enfrentábamos, si a alguien debemos señalar con el ceño fruncido es a aquellos que, sin tener apenas idea de esto mismo, gritaban a los cuatro vientos y con continuos golpes en el pecho palabrería sorda sobre revolución, historia, marcar la diferencia… ¿Por qué? No me sirven respuestas con titubeos. Esas las habría dado yo antes de hacer los deberes.

Para mí, frecuente observador y, desde no hace mucho, partícipe directo en esto de rimar cara a cara, en el momento, el freestyle ha sido muy similar a lo que encarna la base de un deporte. Recientes formatos como el de la Freestyle Master Series me avalan: hay una competitividad, una afición… Quizá falten colores, pero así, de momento, nos va bien. Es fácil ver los paralelismos brotados entre ambos mundos. Lo que sucede, es que el improvisar posee variados elementos que lo hacen chocar contra esta teoría, y todos se podrían reducir a que, realmente, nuestro queridísimo ámbito no es más que un niño si fechamos su nacimiento desde el boom que provocó Red Bull.

Sin ir más lejos, Argentina es, si no el que más, uno de los países más longevos en cuanto a esta competición se trata, como bien nos narró Misionero; y ya veis, tan solo desde 2005 tenemos campeones. El fútbol ya tiene 154 años, el baloncesto 126, ¿de veras se puede comparar con nuestra edad?

Justo ahí. Detengámonos. Centrémonos en Buenos Aires. Dejemos de lado las ya manidas conversaciones sobre el crecimiento de las competiciones o del público, pues siempre han sido una obviedad. Dejemos de lado las tecnologías, el refinamiento de las reglas, la actitud del jurado. Dejémoslo todo atrás, todo lo que ya hayamos visto crecer, todo lo que ya haya sucedido dentro de nuestros dominios. Pensemos, ¿qué hizo de esta Red Bull un hito?

Disculpándome ante todos los lectores de otros países, he de tomar el ejemplo más práctico que acude a mi mente, y ese es el de nuestra selección nacional de fútbol. La Roja, la del mundial, la de Casillas, y todos esos epítetos tan vulgares pero que tanto orgullo llevan en cada sílaba. Echémosle un vistazo a la lista de convocados para la clasificatoria del mundial del año que viene, que se celebra no dentro de mucho, y comparémosla con el plantel de héroes que se llevó la copa. Solo ocho de veintiséis jugadores seleccionados hace siete años buscarán repetir la hazaña. Lesionados, renegados y retirados aparte… ¿cuántos años les puede quedar a este tan reducido grupo de campeones? ¿Dos cómo mucho? El que era el joven autor del gol en la prórroga final ya tiene treinta y tres años.

La incertidumbre en este caso, es escasa, pues sus relevos, quienes ya comienzan a contar con valiosos minutos tanto en sus equipos como en terreno internacional, hacen la boca de los aficionados pura agua por el talento que, parece, van a derrochar. Es, lo que se conoce en un deporte, un salto generacional. Subrayen esto.

Retomemos nuestro camino antes de perdernos. Wos, Ecko, MKS, Cacha… ¿qué tienen en común estos nombres? A mi parecer, todos eran posibles ganadores del evento, apenas superando la veintena de edad, procedentes la mayoría de la cantera del free argento, el Quinto Escalón. Sony, Papo, Tata… ¿y estos? Si bien no mucho más mayores, son puros héroes de la Red Bull del país, contando con competiciones desde incluso antes de su retorno, con varias medallas colgadas en sus pechos. También, por supuesto, más que posibles laureados sobre la incertidumbre de aquel que buscaba apostar por un nombre aquel día. Llegó la contienda, los micros volaron, la saliva se evaporaba en los alientos… Y ninguno de estos caballeros logró pasar de cuartos. No hace falta imaginar quienes fueron los verdugos y quienes los descabezados, viendo quién se llevó el gato al agua. A falta de debatir si el freestyle es un deporte o no, lo que presenciamos era la más cruel representación de uno de sus saltos.

   

Yendo más allá, esto no fue lo que le daría la tinta a la pluma para escribir los nombres de los vencedores en los anales de nuestro planeta, sino la misma duda que todos teníamos elevada a su máxima expresión. Allí no se enfrentaban simplemente dieciséis MCs, ni siquiera unas crews contra otras, se enfrentaban la experiencia contra el talento, leyendas contra promesas, guerreros contra escuderos.

Red Bull sabía esto desde un principio (nunca debéis poner en duda los planes de una gran empresa). Apostaron por esa entrada porque sabían lo importante que era recoger este evento en concreto. En no más de cuatro horas, aquella carnicería decidía si Argentina debía disfrutar de los años que a sus raperos más importantes les restaban o si podían apostar desde ya por una cantera que se veía, desde hacía tiempo, que estaba preparada para desbancar a quien se opusiera.

Con más motivos, todo el globo debe tener en cuenta esto, pues estamos hablando, con mayor seguridad que en los años anteriores, del primer gran choque entre generaciones de la historia del freestyle. Siempre ha habido promesas: Siempre ha habido batallas de jóvenes y viejos, lo llevamos viendo tiempo en la misma España o en Chile con una aún mayor timidez; pero esto es, simple y llanamente, distinto. Es una muy visual metáfora de como el ciclo de la vida no deja huir a nadie, de como el freestyle empieza a verse envuelto en él y de como empezamos a tener una identidad más fuerte que nunca. La mayoría de paisanos lo sabían, sabían que aquello iba a ser decisivo, por ello casi todas las voces apostaban por un Papo o, por contrapartida, un Wos como favoritos, cabezas de sus ejércitos.

Podríamos dedicarles páginas y páginas a los muchos otros factores que marcaron la batalla como los beats siendo una pura brutalidad, encajándose como un guante a algunos de los raperos, o las decisiones cuestionadas de un jurado que cada vez se echa más peso en las mochilas (una pena lo de Cacha, otro del bando joven); pero eso no sería justo, me es más preferible aprovechar esta clase que me han dado, y como buen alumno, mostraros lo que he aprendido de dicha cátedra.

Es lo más valioso a extraer de esta Red Bull, sobre todo como advertencia de que sí, Argentina fue la primera, pero justo esto significa que no será la última. Hemos visto como un aún menor de edad Walls daba la sorpresa en Barcelona para ganarse un pase a la nacional; sin restar méritos a la hazaña del también pequeño Drose, llegando a la mismísima internacional el año pasado, desde Chile. Aún nos faltan unos cuantos pasos a sus vecinos para llegar a un choque tan frontal como el vivido en Buenos Aires, pero que no pille por sorpresa a nadie.

Otra enseñanza que debemos extraer, es que el freestyle crece cada vez más rápido, acelerando en la carrera. No terminaban de ganar Wos y los suyos sus respectivas batallas cuando Red Bull ya había sacado al escenario a Luchito y a Felpa, quienes luego le pasaron el testigo a Trueno y a Replik. No les bastó con hacernos ver que los jóvenes cada vez vienen mejor armados, no, sino que además tuvieron que mostrarnos que más pronto que tarde, estos mismos llegarían a un prematuro ocaso de manos de otros pequeños genios que conocían sus tácticas y sabían sortearlas. Es cierto que cada vez hay mejor base de aprendizaje, y es preocupante ver lo que se nos puede avecinar cuando los chicos de ocho o nueve años que hoy comienzan a presenciar eventos puedan llegar a convertirse dentro de otros diez.

Antes de seguir colgando galones, no me quiero olvidar de alguien, que más que rapero, más bien es ya un icono de la cultura. Papo era el favorito de muchos, incluso Blon lo comentó en el minuto a minuto que muchos disfrutaron desde nuestra página. Le preocupaba todo esto, nos dijo, en especial Wos, como si de un gafe se tratara. Preparado, seguro de sí mismo, con sus problemas de salud solucionados… ¿quién iba a poder parar a un MC que literalmente es un completo en todo apartado? Nadie más que él mismo podría. Efectivamente, como en un deja vù de la peor de las fortunas, el gigante argentino, aún habiendo recibido un exhaustivo tratamiento, se vio lastrado por su voz no mucho después de terminar apenas tres compases.

¿Quién sabe lo que podría haber pasado? Puede que Papo, si hubiese ganado, pudiera haber influido en la actitud de muchos de sus compañeros, o medrar en la de otros, testigos de su victoria, y así girar las tornas de todo el guion que allí mismo terminó por escribirse.

Es pura naturaleza: los fuertes se comen a los débiles, y cuanto más mayores, más débiles somos. No obstante, algo pernicioso para la cultura sí que podría llegar a suceder de seguir esta línea que Red Bull, con el inmenso poder que ahora mismo posee en calidad de host, podría imponernos. He hablado en todo momento de viejas glorias, señores, mayores… Sony sería uno de ellos, pero, ¿cuántos años tiene? Está muy lejos de su jubilación, por mucho que mi visión sea compartida. Y es que, ya hemos presenciado varios antecedentes de esto, ya sea en conversaciones de los propios gallos o en las mismas estadísticas.

Resulta que cada año, la media de edad baja en cuanto a participantes en sus escenarios, y los límites de la franja establecida fue sorteada con éxito después del mismo parón. Esto por sí solo está consiguiendo que el freestyle rejuvenezca a un ritmo alarmante. Invert, cuando ganó su pase la internacional en 2014, ya sufría los ataques de quien le consideraba senil con no más de veintinueve años. Parece ser, con ejemplos como el del español o de otro conocido gallo como es Dtoke, que con esa misma edad ya está sufriendo en sus carnes el mismo trato; la edad autorizada para batallar está quedando muy lejos de esa treintena.

Se está levantando una barrera psicológica demasiado dificultosa de escalar, y si a esto le añadimos la teoría de que desde Red Bull pueden influir en la mentalidad de todos los que estamos dentro del juego, es hasta denunciable que, aprovechando este fenómeno, intenten configurar fechas como la pasada. Así, con la victoria de Wos, aumenta la ilusión de que no protegido dentro de esa franja de edad, ya has perdido tu valor y debes dejar espacio a los que ahora lo poseen. Además, con exhibiciones como las que ofertaron, ayudan más bien poco, mostrando a un gran porcentaje de público que no hay vallas a la entrada, que cualquier chico de quince años capaz de rimar ya está listo y preparado para dar guerra.

Desde un punto de vista de marketing, que tu público se acerque más a la edad de la pubertad que a la de procrear, deja todas las cartas sobre la mesa para que al barajarlas consigas tener a los ídolos a los que buscan parecerse, acercarles a ellos. Son, fuera de la tinta y el papel, auténticos superhéroes que compran el pan en tu misma calle y te saludan. Que el Quinto Escalón pudiera lograr que estos rostros se iluminaran con su política de “abierto a todo el mundo”, y que la gran empresa se haya mostrado dispuesta a pactar con ellos justo este mismo año, significa echar mucha más leña al fuego.

No vamos a entrar en ningún discurso político, ni a criticar los objetivos de cada cual. Sucede que, para bien o para mal, el salto parece haberse dado en la realidad más tangible a la que podamos tener acceso: la de nuestros propios ojos. Es una auténtica pena que por este exceso de juventud, auténticos artistas como lo son aquellos caídos en la tarima del Luna, puedan llegar a quedarse sin hueco pronto por supuestos problemas con su edad.

La historia se sigue escribiendo. Cada día, los eventos adquieren uno u otro rumbo. Nadie sabe si los grandes pueden volver a la carga pronto para demostrar que el sitio arrebatado les pertenece, y que aún pueden defenderlo. Nadie sabe, tampoco, si el reinado hará más fuertes a sus oponentes. Nadie sabe qué puede ocurrir mañana. Lo que sí debemos extraer de estas enseñanzas, es que aprender no es memorizar, sino comprender, y debemos comprender desde ya que lo que estamos viendo es algo que se guardará en los libros y memorias para todos aquellos que en un futuro tendrán ojos. Ya no son una panda de niños haciendo pareados en un banco del parque. Esto es mucho más serio.

Ahora, iré un rato a la biblioteca a reflexionar sobre esto mismo. Es probable que Mbaka nos dé una clase similar bien pronto, y no quiero quedarme sin palabras cuando me haga alguna pregunta. Siempre me ha gustado la historia.

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